
Su propósito es pacificar y calmar la mente. Si mantenemos una mente apacible, no tendremos preocupaciones ni angustias y disfrutaremos de verdadera felicidad; pero si nuestra mente no está calmada, no conseguiremos sentirnos felices, aunque estemos rodeados de las mejores condiciones.
Si nos adiestramos en la meditación, iremos descubriendo en nuestro interior una paz y una serenidad cada vez mayores y disfrutaremos de una forma de felicidad que se irá volviendo más pura. Finalmente, nos sentiremos siempre dichosos, incluso ante las situaciones más adversas.
Al igual que un globo suelto en el aire se zarandea de un lado a otro al capricho del viento, nuestra mente se tambalea inestable a merced de las circunstancias externas. Si nos van bien nos sentimos felices, pero si nos van mal de inmediato nos sentimos incómodos.
Tales cambios de humor surgen porque nos involucramos en demasía con las situaciones externas. Somos como niños que al construir un castillo de arena en la playa, se llenan de excitación; pero cuando las olas lo destruyen se ponen a llorar. Por medio de la meditación aprendemos a crear un espacio en nuestro interior y tener una flexibilidad y claridad mental que nos permite controlar nuestra mente sin vernos afectados por los cambios de las circunstancias externas. De manera gradual, desarrollamos una estabilidad mental, un equilibrio interior que nos permite estar siempre felices, en vez de oscilar entre los extremos de la euforia y el desaliento.
Si nos adiestramos en la meditación con regularidad, llegará un día en que seremos capaces de erradicar las perturbaciones mentales, que son las causas de todos nuestros problemas y sufrimiento. De este modo llegaremos a disfrutar de la paz interna permanente, conocida como "la liberación" o "el nirvana". A partir de entonces, día y noche, vida tras vida, sólo experimentaremos paz y felicidad.
1 comentario:
Me encanta la introduccion y la explicacion
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